Todo empezó en Capriva, en aquellos viñedos alrededor del Palacio Arzobispal que la Curia cedió a Mario con un contrato de arrendamiento en 1970: viñedos que Mario restauró y que no pasaron a ser de su propiedad hasta 1989, tras años de postergación y espera.
Mario, consciente de que el verdadero activo y la fuerza de la empresa son la tierra y las vides, supo transformar aquellas tierras viejas e incultas en viñedos cuidados con esmero, se esforzó por hacer únicos sus viñedos y explotar el potencial de aquellos suelos de ponca (típica marga friulana compuesta principalmente por caliza y arcilla).
Con el paso del tiempo, Maria Angela, Carlo y Giorgio, hijos de Mario, se han unido a él en la dirección de la empresa, continuando este proyecto con sensibilidad y respeto, con amor por la tradición y auténtica pasión. Desde abril de 2014, la empresa es propiedad de la familia Rotolo, y Emilio y su hijo Alessandro, con una orientación puramente continuista, prosiguen la misión y la filosofía de producción creadas por Mario.
Schiopetto
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